El hombre Sagitario

Generalmente el hombre Sagitario es apuesto, viril, tan bien constituido como los héroes mitológicos: hombros robustos, torso poderoso, caderas ni demasiado estrechas ni demasiado anchas y piernas musculosas. Nada más ajeno a él que ese estilo ambiguo y un poco andrógino tan en boga hoy en día.

Hay dos tipos de Sagitario, que se corresponden con la doble condición de su emblema, el centauro: el nativo de este signo es unas veces más «caballo» y otras más «arquero». El primero, más fornido que el segundo, presenta un aspecto robusto y saludable: todo en él revela al deportista, al atleta orgulloso de su fuerza. Tiene el rostro cuadrado, con buena estructura ósea, rasgos regulares y boca grande de labios plenos, hecha para reírse a carcajadas, como un gigantón inocente.

El segundo es más espiritualizado, más delgado, de formas longilíneas. Su rostro es más alargado que el de su hermano de signo, con la frente amplia y los ojos algo hundidos. La boca es menos plena y la nariz más fina y recta, aristocrática: el arquero tiene noble porte.

Al segundo le acecha una calvicie precoz; el primero, si deja de practicar deporte, engorda al llegar a la madurez. El Sagitario perfecto es aquel en el que se armonizan el caballo y el arquero, el instinto y el espíritu, la libertad y el orden: entonces es el centauro cabal, el soberbio atleta de rostro noble.

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Jim Morrison era del signo Sagitario.

El hombre Sagitario y el amor

El hombre Sagitario tiene alma de pater familias. Sabe imponer suavemente su autoridad y no se le pasa por la cabeza que se le pueda cuestionar. Le gusta estar acompañado y crear una gran familia.
Volvemos a encontrar en él la dualidad antes mencionada al observar una faceta casera en su vida cotidiana marcada por las horas de las comidas, la televisión por la noche o la partida de cartas, y otra faceta enamorada del cambio, que adora recibir visitas o salir, ver a los amigos, viajar y llevar una vida más o menos secreta. A menudo, pues, es de esas personas que alternan dos estilos de vida: muy familiar y muy independiente.

Cuando está enamorado, se somete completamente al otro: sólo piensa a través del ser amado y reacciona al menor de sus gestos, a la mirada más insignificante. Pero luego, de repente, se aleja y únicamente se moverá por una vaga compasión. Cuando ha dejado de amar, es inútil pedirle que regrese. En adelante, la relación con su antiguo amor se regirá sólo por el sentido del deber.

Cuando en Sagitario predomina el «caballo», se suceden en su vida las aventuras amorosas, siempre teñidas de sentimentalismo y de cierto romanticismo. Es el instinto y el deseo de conquista lo que determina su elección.
Cuando en el nativo prevalece el «arquero», estamos ante un hombre que aspira a la perfección (y que a menudo cree encontrarla) y que sacrifica siempre sus aventuras a su hogar, a su mujer y a su familia.

Estrategias del hombre Sagitario para enamorar

Al hombre Sagitario le fascinan los desafíos y las emociones fuertes. Cuando se trata de conquistar, lo hace con simpatía y casi con prepotencia, ya que está convencido de que no importa su opinión. No duda de que su empresa estará coronada por el éxito.
Jamás se detienen ante un obstáculo, aunque sea su propia negativa.
Si desea vivir emociones, no lo dude, es el hombre para usted. Le contagiará su entusiasmo y su energía. Si odia los deportes o le dan miedo las actividades de riesgo, renuncie a él.
Si no le gusta, no se lo diga directamente. De lo contrario, se expondrá a una perorata que la hará sentir muy mal.

El hombre Sagitario y sus aptitudes

El hombre Sagitario se siente cómodo en todas las profesiones en las que tenga que relacionarse con la gente y, más aún, si son extranjeros o si su trabajo le exige viajar. Como tiene sentido de los negocios, puede tener éxito como agente de ventas o dirigiendo empresas de importación y exportación, ocupaciones que le permitirán estar en contacto con gente de otros países; o bien como periodista, intérprete, operador turístico o animador en un club de vacaciones.
En general es brillante en los estudios, lo que puede llevarle a desarrollar una buena carrera empresarial o administrativa, o bien a dedicarse a las ciencias políticas o a la economía. Puede llegar a ser un alto funcionario, pues está convencido de la importancia de la administración pública y no es en absoluto insensible a los honores.
Le atrae la filosofía, la teología, la historia de las religiones, la historia moderna más que la antigua y la enseñanza, a condición esto último de que sus alumnos tengan cierto nivel, pues es un excelente pedagogo, pero prefiere las mentes ya formadas. También le gusta educar los cuerpos: puede ser un magnífico profesor de educación física o entrenador deportivo.
En general, es muy independiente y tolera mal la autoridad ajena, lo que explica que si trabaja como funcionario llegue pronto a los más altos puestos.