Relación entre Sagitario y Aries

Relación entre Sagitario y Aries
Puede considerarse como una buena relación. La persona perteneciente a Aries que se aproxime a usted, sagitariano, lo encontrará chispeante, conocedor, imaginativo e interesante. Y usted, a su vez, encontrará que la persona ariana en cuestión le parece llena de voluntad, capacidad de acción, vitalidad y de ambiciones constructivas. Ninguno se equivoca en la apreciación, puesto que son signos de fuego y saben reconocer este elemento a la primera mirada. Y de hecho, quien pertenece a Aries es siempre persona activa; tanto que no conseguirá encontrarse a gusto si no se halla haciendo o planificando algo. Parece que carecieran de la paciencia necesaria para concebir una idea y esperar a verla realizada.

En este último aspecto, les encanta la capacidad sagitariana para meditar los pros y los contras de un proyecto y luego poner a prueba las posibilidades y efectuar todos los ensayos posibles antes de materializar la idea definitivamente. Admiran toda esa capacidad racional que permite a los hijos de Júpiter gobernar lo mismo una gran familia que una empresa comercial de envergadura, ya sean hombres o mujeres. El sagitariano admira el desbordamiento energético de los arianos. Le fascina su asombrosa agilidad para pasar de la idea a la acción.

Todo lo quieren cuanto antes, en el momento, exactamente con esa forma de desear que tienen los niños. Y de nuevo hay que reconocer que no les falta razón, pues la persona Sagitario suele creer que necesita algo de ese empuje, particularmente cuando se evidencia que actuando como lo hace, casi sin detenerse a sopesar los factores, las cosas le salen como las planea.

También admira el sagitariano la bien centrada personalidad de Aries, que no parece necesitar de nadie y que, si llegara a hacerlo, simplemente induciría a actuar según le conviene a él (o ella). Sin embargo, el sagitariano se sentirá desconcertado cuando le vea hacer después las cosas tan impulsivamente como si no se le hubiese hecho ninguna advertencia ni llamamiento al método y a la prudencia. Por su parte, el ariano se sentirá un tanto incómodo al comprobar su incapacidad para discutir en igualdad de condiciones con el sagitariano.

Sagitario y Aries como amigos

En la amistad Sagitario y Aries descubren con facilidad y sin pugnas que se complementan. Esto les permitirá disfrutar al máximo de la vida pues el sagitariano se reservará la posibilidad de señalar el dónde, mientras que el ariano indicará el cómo. En otras palabras, la facultad de los sagitarianos para detectar e incluso dar lugar a los focos de diversión, se complementa maravillosamente con la impulsividad ariana para lograr que esos focos brillen con más intensidad.

Sagitario y Aries como amantes

La relación íntima de Sagitario con Aries está llena del mejor espíritu de la aventura y de las mejores posibilidades que el fuego pueda aportar a una relación. El amante sagitariano (lo mismo si es hombre que mujer) encontrará que su pareja ariana es un tanto caprichosa, pero no le importará demasiado mostrarse complaciente, considerando que, en cualquier caso, se lo habrá ganado, o valdrá la pena.
Aries despliega más impulsos e incluso necesidades de carácter físico que Sagitario. De hecho su apetito erótico parece insaciable durante los primeros encuentros de su relación, pero al final acabará imponiéndose la sabiduría del centauro, que también alcanza —y de manera muy particular— a las artes amatorias, en las que lo mismo puede revelarse como brioso semental que como docto Quirón.
De cualquier manera, es un hecho que ninguno de los dos considera el sexo como campo competitivo, sino de mutua gratificación, por lo que no son probables los equívocos en este aspecto. También hay que decir que a Aries le resultará difícil entender la facilidad que puede demostrar el sagitariano para cambiar de pareja si el amor no surge pronto y con peso suficiente para justificar la prolongación de la relación, aunque, cuando es evidente que ninguno de los dos desea atarse, es mayor la facilidad con que Aries se aleja, mostrando a veces algo muy semejante a una brusca indiferencia que no es otra cosa que el ánimo de mostrar y mostrarse a sí mismo que nada ha pasado y que la vida sigue igual.

Sagitario y Aries como socios

Si hay un equipo invencible en el campo de los negocios, este es el que componen Sagitario y Aries. Sin embargo, desde el mismo momento de establecer la sociedad deben tener ya resuelto a quién van a encargar la realización del trabajo rutinario y el cuidado de los detalles cotidianos, ya que los socios de fuego, por su propia naturaleza astral, se entregarán apasionadamente a la realización de los aspectos que más desafíos y aventura implican.
Únicamente se les recomienda mantener el más estable de los equilibrios; sobre todo al socio de Sagitario, ya que al entrecruzarse sus vías de acción podrían generarse turbulencias. Es preciso no empezar la labor en sociedad sin antes haber delimitado con precisión el campo de acción de cada uno, ya que en este caso no es factible que alguno deje sin atender su propio campo, sino que se resigne a no intervenir en el del otro. En síntesis, debe resolver con anticipación y detalle el aspecto de las competencias, después de lo cual el éxito les acompañará.

Sagitario y Aries como matrimonio

Hay que señalar que se trata de las pocas combinaciones bien aspectadas, pese a que los dos están animados por una naturaleza de fuego. Como ya hemos indicado en los anteriores apartados, las personalidades de estos dos signos se complementan en lo esencial, y no les resulta imposible transigir o adaptarse a sus respectivas diferencias, pudiendo incluso encontrar en ellas una vía para perfeccionar la propia personalidad. Así, Aries adquirirá la facultad de análisis y la visión sagitariana, en tanto que el cónyuge centauro se beneficiará del impulso y de la facultad de hacer y realizar al instante que pone Aries en todos los órdenes de la existencia, particularmente en los más placenteros o en los que deben cumplirse a la mayor brevedad —como la amarga medicina que a veces hace tragar la vida— para poder continuar la marcha en familia.