Relación entre Sagitario y Piscis

Sagitario es en la tierra lo que Piscis es en el mar. Ambos están regidos por el mismo signo, ambos son grandes viajeros, ambos se desenvuelven en ambientes nebulosos en los que campea la melancolía, sólo que Sagitario, siendo un signo de fuego, impone el ardor de su optimismo y despeja las brumas, mientras que Piscis, signo de agua, se deja dominar fácilmente por una cierta tristeza o una disposición a las depresiones que les hace muy susceptibles. Con ellos debe cuidar el centauro su franqueza y desarrollar al máximo su tacto.

Así pues, en lo anímico parecen opuestos, pero los Piscis se dejan conducir muy bien de la mano por Sagitario cuando se trata de pasar buenos ratos y cultivar relaciones. Son también muy imaginativos y capaces de detectar cuánto hay de positivo o de negativo en una persona con sólo mirarla y sentir sus manos. De hecho, con frecuencia se sienten alarmados por diversos presentimientos que finalmente se revelan como auténticos o bien fundados.

Lo que al sagitariano le molesta un poco es la facilidad pisciana para acabar mirándolo todo a través de las lentes oscuras del pesimismo. Si no se alejan de ellos en estos momentos depresivos, es porque estas almas acuáticas reconocen que deben confiar en el juicio del sagitariano. Sin duda saben —por algún medio oculto— que si el centauro se equivoca, todavía le salvará de las consecuencias de su error esa dosis de suerte que Júpiter le dio y por la cual no le envidian, sino que le admiran.

Sagitario y Piscis como amigos

La amistad entre peces y centauros debe asentarse necesariamente sobre una base de curiosidad. Ambos constituyen personalidades que asombran al otro.

De hecho, es poco lo que tienen en común. Se diría que Júpiter se esmeró en que uno fuese el reverso del otro, aunque no antagónicos. De esta manera los piscianos pueden ofrecer a los sagitarianos una visión general muy intuitiva que les ayudará mucho; a cambio, los centauros ofrecerán a los peces sus conceptos y sus ideas cargados de practicismo, optimismo y jovialidad.

Sagitario y Piscis como amantes

De nuevo hemos de hacer hincapié en que Piscis es signo de personas fáciles de ofender. Demasiado sensibles para que estén a salvo ante la franqueza sagitariana, de la misma manera que no puede sentirse segura una flor en la cercanía de cuatro pezuñas inquietas. Debemos destacar que estos espíritus peces permanecen dolidos largo tiempo a consecuencia de un simple roce. Es decir, basta una desconsideración para que deje de dirigir la palabra al amante poco delicado.

Piscis es el romántico del Zodíaco. Su sexualidad es muy intensa, pero siempre la envuelve en el halo del romance. Los sentimientos tienen para ellos valor primordial.

Así, en sus relaciones íntimas con los centauros se dará la dicotomía animalidad-espiritualidad de manera más que inspiradora, puesto que Sagitario también es muy propenso a disfrutar de las elevaciones de espíritu, aunque se le invite a hacerlo en momentos que parecen tan inoportunos como el de hacerlo a mitad de un abrazo vehemente. Esto desplegará ante el Sagitario toda una nueva dimensión de posibilidades.

Sagitario y Piscis como socios

Esta sociedad sin duda se dará dentro del ámbito de los negocios de envergadura media; nada relacionado con altas finanzas ni empresas transnacionales. De hecho, ninguno de los dos sabrá cuidar de los detalles, ni siquiera de la administración.

Será necesario que se vigilen mutuamente para obligarse a estructurar la organización sobre la que trabajarán, pues de otra manera sus negocios quedarán irremediablemente envueltos por la bruma y quizá sólo se den cuenta de su situación cuando ya sea necesaria toda la suerte de Júpiter para tapar los agujeros y evitar el hundimiento.

Sagitario y Piscis como matrimonio

La unión de peces y centauros no estará privada de todas las satisfacciones imaginables, pero será preciso que Sagitario aporte en todo momento el máximo posible de sentido práctico, cuidando de no dejarse envolver por las brumas melancólicas que podrían oxidar su optimismo.

Piscis deberá cuidar de no introducir su tendencia al pesimismo, ni dejarse arrastrar demasiado por los presentimientos, habida cuenta de que su cónyuge fue dotado con un inagotable caudal de buena suerte para los momentos difíciles. Ambos deberán recordar que las cosa materiales son las que mantienen unido el matrimonio y, aunque no puedan ser tan importantes como las espirituales, sí que son decisivas y sin ellas no hay amor que sobreviva.